Joanna Concejo: la mano que persigue un sueño en el papel.

Una niña pequeña, su madre, su abuela, un lobo y un cazador; la historia de Caperucita Roja es bien conocida en todo el mundo, pero esta nueva interpretación cuenta con las impresionantes ilustraciones a lápiz de Joanna Concejo.

Joanna Concejo nació en Polonia (Slupsk, 1971) y se graduó en la Academia de Bellas Artes de Poznan. Sus libros han sido publicados en numerosos países, entre ellos Francia, España, Italia, Polonia y Corea. Joanna fue seleccionada para la Exhibición de Ilustradores en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, e ILUSTRARTE en Portugal.

Joanna Concejo no encontraba muy interesante a Caperucita Roja cuando era niña, pero más tarde entendió que la historia era más compleja y ahora puede ofrecer “su historia”. Desde el principio, el bosque en el que se desarrolla el relato también es un “personaje” en el libro, ya que para ella los árboles son muy importantes para captar la atmósfera del cuento. En las ilustraciones, también incluyó muchos otros elementos de su niñez en el campo polaco: bordados populares de la región de Kaszuby, el trabajo manual, las plantas, el ambiente.

El trabajo para este libro llevó mucho tiempo; algunas ilustraciones requirieron varios días para dibujarse. Sin embargo las ideas para las ilustraciones surgieron con relativa facilidad a medida que avanzaba. Este tiempo dedicado a dibujar a veces decenas de horas, le permitió sumergirse completamente en el cuento. Todo conectado, todo encontró su lugar. Como ese hilo rojo que recorre la historia, el hilo con el que tocas, te comunicas, encuentras y pierdes, atrapas y atas. El hilo con el que, en el bordado al final, Caperucita cuenta su historia.

Joanna elige los materiales más simples: el lápiz de grafito, lápices de colores y una hoja de papel vieja, con los rastros del tiempo, manchas, pliegues. Los papeles son más que un simple sustrato; dan la bienvenida a los dibujos, les dan cabida, los iluminan con un brillo interior, suave y misterioso. También le encanta dibujar a lápiz porque hay algo muy íntimo, sensible, frágil e inquietante. El lápiz traza cada vacilación y cada temblor de la mano. Hay tensión. Entre dos líneas fallidas, está una tercera, invisible, que es correcta. No sirve de nada dibujarla, está allí, más presente por su ausencia. Es la vibración entre las otras dos líneas.

Lo que le interesa es crear un diálogo entre el texto y las imágenes, para que los dos puedan, al reunirse en el espacio de un libro, contar algo nuevo e inesperado. Pueden abrir nuevos caminos y nuevas posibilidades de interpretación, esto es solo posible cuando el texto y las imágenes permanecen libres y bellas en su diferencia. Una ilustradora para seguir.

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